Las dos hacen el mismo trabajo: sincronizar el cigüeñal con el árbol de levas para que las válvulas abran y cierren en el momento exacto. Cambia el material y cambia el mantenimiento. Una es de goma reforzada con fibras y se sustituye por plazo; la otra es metálica, va bañada en aceite dentro del motor y en teoría dura lo que el coche.

«En teoría» está haciendo mucho trabajo en esa frase, y a eso vamos.

Cadena de distribución suelta sobre una superficie clara, eslabón a eslabón
Cadena de distribución suelta sobre una superficie clara, eslabón a eslabón

¿Cómo sé si mi coche lleva correa o cadena de distribución?

Lo decide la motorización concreta de tu coche, y se comprueba con la matrícula o el número de motor. Es el malentendido más repetido: «los Volkswagen llevan correa» o «los BMW llevan cadena». Falso en los dos casos. La decisión se toma motor por motor, y un mismo modelo comercial puede llevar correa en una motorización y cadena en otra del mismo año.

Fabricantes que llevaban años montando cadena han vuelto a la correa en generaciones nuevas, y al revés. Para saberlo hay que bajar a la motorización concreta, y eso se saca de la matrícula o del número de motor.

¿Cómo se distinguen abriendo el capó?

La correa va por fuera del bloque, tapada por una carcasa de plástico en uno de los laterales del motor. Suele tener forma alargada, va sujeta con tornillos o clips y algunas llevan una ventanita para inspeccionar. Si ves esa tapa de plástico, hay correa detrás.

La cadena va dentro del motor, en un cárter metálico, lubricada por el propio aceite. Por fuera no se ve nada: encuentras una tapa de metal integrada en el bloque, sin carcasa desmontable.

Ojo con confundir la correa de distribución con la auxiliar. La auxiliar va a la vista, sin tapa, y es la que mueve el alternador, la dirección y el compresor del aire acondicionado. Esa la ves nada más abrir el capó. Si cede, te quedas sin carga en la batería y con la dirección dura, pero el motor sigue girando.

¿Hay que cambiar la cadena de distribución?

Sí, aunque no tenga un plazo fijo como la correa. Aquí está el matiz que se pierde en las conversaciones de bar. La cadena está pensada para durar la vida del motor, pero eso da por hecho un mantenimiento que muchos coches no reciben.

La cadena trabaja sobre patines de plástico y un tensor hidráulico que funciona con la presión del aceite. Si el aceite se alarga de más, se degrada o baja de nivel, el tensor pierde eficacia, los patines se desgastan y la cadena empieza a dar de sí. Se estira, salta un diente y el motor pierde el punto.

El aviso llega por el oído: un ruido metálico en los primeros segundos tras arrancar en frío, como una carraca, que desaparece cuando sube la presión de aceite. Ese sonido no se ignora.

¿Cuál sale más barata de mantener, la correa o la cadena?

Con correa, el trabajo es previsible: llega el plazo, se cambia el kit, se sabe lo que cuesta y se hace en un día de taller. Es un gasto programado que entra en las cuentas.

Con cadena no hay plazo fijo, y ahí está el problema. Nadie la cambia preventivamente, así que cuando toca es porque ya está sonando o porque el motor ha perdido el punto. Y sale más caro: hay que abrir el frontal del motor, y en algunos hay que sacarlo del coche.

Mi opinión, después de ver bastantes: la cadena sale rentable si el coche ha llevado sus cambios de aceite al día toda la vida. Si viene de segunda mano con historial dudoso, la cadena deja de ser una ventaja y pasa a ser una incógnita cara.

Saber qué monta tu coche cuesta dos minutos y cambia por completo cómo hay que cuidarlo.

Llámanos al 614 37 89 16 con la matrícula y te decimos si llevas correa o cadena y si te toca ya.